Rodrigo Verdugo (Santiago, 1977)


Nace en Santiago de Chile el 9 de enero de 1977. Es editor y articulista de la revista Derrame. Sub director de la Revista Rayentru y Coeditor de la Revista Labios Menores. Su obra se encuentra publicada en diversas revistas y antologías chilenas y extranjeras siendo traducida parcialmente al Ingles, Frances, Italiano, Portugués, Polaco y Árabe. Es autor del libro “Nudos Velados” Ediciones Derrame 2002. Ha participado en exposiciones colectivas en España y Portugal Actualmente trabaja en la preparación de su libro "Anuncio".


CONTINUIDAD

Nació de un retrato de niebla
Olas inconfesables alumbraron esa voracidad.
Los fundamentos del día pasaron a la sangre
Las ciudades se quedaron blancas
Velaron las mitades de un mismo cuerpo en ataúdes distintos.



VICTOR JARA CAMINANDO EN EL HUMO



Fumas a la orilla del mar, te gusta que el humo se pierda en el horizonte
No sabes como has llegado aquí
Solo sabes de un ensimismamiento de labio en las amplitudes de la sangre
Toda esa desfundación que callan las espumas
Humo, solo eso le darás a quienes vuelven desfondados,
Y hasta un camino podrías mostrarles en el humo
Un camino más como tantos otros,
No sabes como has llegado aquí
Ellos tampoco lo sabrán si empiezan a caminar hasta que el alba los entuba
Porque caen dos veces al mismo tiempo
Como un beso para volver más arcana la arena
Los caballos se paran ante la hemorragia coral de las nubes
Eso es una señal para que nunca dejes un cigarro sin terminar
Nunca dejes de llamar el humo en su vientre
El humo que aunque se atrape, no deja de perderse en el horizonte
Ella te espera cuando las bestias vuelven lenta la tarde
Tu acaricias ese cuerpo aun joven, sabiendo que solo la carne vieja y amortajada
Puede hablar con las palomas en lenguas extinguidas y darle la paz a los espirales
Vas a cantar para ella
Cuando entre a la casa de las agujas y vea llover afuera
Vas a cantar para ella, y cuando lo haces te pierdes como el humo en el horizonte
Ella correrá para atraparte,
Pero los lagartos no dejan que nuestro corazón baje hasta la ciudad de piedra
Porque allí se esconden quienes eyaculan oro para que el mar retome la copa absoluta
Porque del choque entre las auras contra las ascuas nació el desierto
Según las trinidades que has visto pasar rápidamente en el humo
Esto seria así A un lado el mar y al otro la copa absoluta y al medio el oro
Luego el humo se pierde en el horizonte y queda así: A un lado el humo y ella al otro
Y al medio las bestias que nos traerán una estrella en sus hocicos
Esa estrella que ha caído dos veces al mismo tiempo
Vas a cantar para que así sea, oh así sea
Y ahí vienen ellos, pero es tan fuerte el sol, que no alcanzas a ver sus rostros
Solo que traen monedas en las manos, monedas que ellos mismos acuñan
Quieren subir para ver como los padres endurecen las espumas
Cada vez que mueren esas bestias que no copularon nunca
Ah cabeza del padre, recíbelos, cuando logren llegar
Aun cuando lleven métodos y terrores de sal
Tú los recibirás como si fueran aquel hollejo inquisitorio que te falta
También cantaran para ti
¿Pero que herencia podría subir desde el fondo de las aguas hasta dejarnos sin cabeza?
Porque antes tu padre sostenía la cabeza de tu abuelo, estaba sentado al lado de un pino
Y la elevaba cuando el pino se cimbraba por la niebla y el viento
Cuantas fracturas cubiertas de fuego y de sal pasaban por debajo
Cenaste gavilanes sobre tierras azules, acariciaste a tanta mujer, especificando los bosques
Escuchaste algo que se partía, el mar subsumiendo la superficie dominante
Más te han escuchado cuando hablas a escondidas
La besabas y le decías: Cuando las copas se llenan el cielo se nubla,
La besabas y especificabas el bosque
Le hacías un cinturón con la cola de aquellas bestias que jamás copularon
Se lo ponías en la cintura y como si fueran a levantar un templo
Ambos se poseían hasta que los huesos reencuentran un poder fosforescente
Ambos se poseían hasta que el placer reencuentra sus demonios de arena
Y es tan fuerte el sol sobre la cabeza del padre
Que no alcanzamos a ver cuantas monedas debemos acuñar
Porque después tu padre sostenía una calavera de cuarzo
Tanto fuego y sal pasaron por encima
Ya no estaba sentado al lado de un pino
Sino que estaba sentado al lado de una espiral
Y con la calavera de cuarzo levantaba un templo desde adentro de las tierras azules
Camina sobre el humo
Recuerda cuando te despertaste y el pino se cimbraba por el fuerte viento y la neblina
Hay un ensimismamiento de labio en las amplitudes de la sangre
Si el hombre empieza a caminar hacia adentro,
Como en esos caminos que hasta se pueden mostrar en el humo
Reencuentra ese sexo de mujer como microscopio embrujado
Reencuentra esa calavera de cuarzo
Que ordena que moluscos y crustáceos cubran totalmente las playas
Que ayer contemplabas desde arriba, como si estuvieras en lo alto del coro
Ahora fumas a la orilla del mar
Y a nosotros los desfundados hasta un camino puedes mostrarnos en el humo que
Aunque se atrape, no deja de perderse en el horizonte.

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